Ilegalizar la pobreza, no la prostitución
es un artículo de Isabel Nieto Cuartero publicado ene le nº del 19 de julio de 1999 de GARA.
Isabel Nieto Cuartero Miembro de Galtzagorri, Grupo de Mujeres de San Francisco
En el II Congreso Mundial de Putas, celebrado en octubre de 1986 en Bruselas, en la sede del Parlamento Europeo, se podía leer en las pancartas: ilegalizar la pobreza, no a las prostitutas. La realidad con la que tropiezo cuando salgo de mi casa, que está pegando a la calle Cortes del barrio bilbaino de San Francisco, es que eso que rezaba en la pancarta en 1986 sigue teniendo vigencia en 1999. Las prostitutas de mi barrio, mujeres ya muy mayores, inmigrantes y toxicómanas en su mayoría, no irán nunca a ningún congreso ni tan siquiera pueden representarse a sí mismas en una ciudad como Bilbao para exigir algún tipo de prestación social como colectivo. Es evidente que este tipo de prostitución está muy ligado al deterioro de una zona y sólo la pueden ejercer mujeres que ponen a sus clientes los precios más bajos, cuando no los tiran, como es el caso de algunas toxicómanas que se prostituyen para sacar el pico diario para ellas y sus compañeros.
La prostitución se mueve, como cualquier actividad mercantil, por las leyes del mercado y por ello las prostitutas que tienen mejor status se han ido yendo a otras zonas menos degradadas. La cicatería de algún movimiento vecinal aparecido últimamente por la zona de Zabalburu y General Concha que reclama el cierre de los bares de alterne, porque devalúa la zona y los pisos de los que son propietarios, ha llevado al Ayuntamiento a elaborar una ordenanza reguladora de estos locales, pero nunca a considerar derechos elementales para las trabajadoras del sexo.
El afán regulador o prohibicionista para este tipo de actividad económica, donde fundamentalmente las mujeres utilizan su cuerpo como herramienta de trabajo, aun a riesgo en algunos casos de su integridad física y psíquica, no es nada nuevo. El fenómeno reglamentarista de la prostitución aparece en el siglo XIV y se comienza por afirmar que la prostitución ayuda al mantenimiento de la salud pública ya que combate la homosexualidad, canaliza la violencia sexual de los hombres (hace que existan menos violaciones) y contribuye a fomentar la institución matrimonial como la forma más adecuada para tener hijos e hijas.
En la segunda mitad del siglo XV en todas las ciudades o villas de cierta importancia se construyeron burdeles municipales o privados sometidos siempre a las normas del Concejo, aunque la prostitución clandestina siguió coexistiendo. La Monarquía católica del "tanto monta-monta tanto" utilizaba el sello real para otorgar a los hombres fieles a la corona el negocio boyante de los burdeles y proporcionó la ocasión al Ayuntamiento de Bilbao para la construcción de una casa de prostitución a las afueras de la villa. La razón del paso de la reglamentación a la prohibición en el siglo XVII está entre otros factores en la formación del Estado moderno y en el poder de la Iglesia como institución legitimadora de "la unidad de los reinos de España". Los cambios en las mentalidades, la importancia que empieza a tener la familia no extensa para el control de los súbitos y otros muchos factores que se me escapan y desconozco, hace que se pase de épocas de tolerancia a otras de fuerte represión hacia este colectivo de mujeres.
Pero dando un enorme salto, me gustaría hacer una pequeña aproximación a qué es lo que reclaman actualmente las putas de otros países como movimiento organizado, a parte de su autorrepresentación y las alianzas con otras mujeres.
En todos aquellos países donde está prohibido el ejercicio de la prostitución, ésta sigue existiendo. Las policías la reprimen, pero a la vez la utilizan para obtener datos sobre la escala más baja del mundo del narcotráfico e información sobre personajes políticos. Tampoco hay que olvidar las violaciones por agentes ni los asesinatos. Es evidente que en este caso el colectivo de prostitutas exige el respeto a los derechos humanos básicos, como es el derecho a la vida y a la integridad física, pero curiosamente la negación de los derechos humanos de las prostitutas por parte de estos Estados se justifica públicamente como una protección a las mujeres, el orden público, la salud, la moralidad y la reputación de personas o naciones prominentes.
Las quejas primordiales en cuanto a sanidad es que se las quiere hacer responsables de todo tipo de enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, este colectivo, en la zona donde yo vivo, ha prestado su apoyo a la lucha contra el sida y muchas de ellas se han convertido voluntaria o involuntariamente en agentes de salud, pues son las que asesoran a las novatas en el uso del preservativo y en otras habilidades sociales como las técnicas para convencer a los clientes de que los usen o cómo engañarles poniéndoselo sin que se den cuenta.
Otra queja generalizada es el que su consideración como víctimas, y no como trabajadoras con los mismos derechos que en cualquier otra profesión o actividad, les impide acceder a los sistemas de protección social: jubilaciones, pensiones... y a créditos bancarios o ayudas gubernamentales para el acceso a vivienda, apoyo sindical, etcétera.
En definitiva, que con estas líneas sólo pretendo transmitir una reflexión para que abandonemos el victimismo con el que normalmente se aborda este tema, pues así lo que hacemos es legitimar la represión y la negación de derechos civiles a los colectivos de mujeres más marginalizados.
Quiero además llamar la atención sobre los Servicios Sociales de Base de mi barrio, que no llegan a atender la demanda existente en materia de protección social, entre otras causas porque cuentan con los mismos presupuestos, de recursos humanos y trabas burocráticas a la hora de aplicar el IMI y el AES que si estuvieran actuando en Indauchu o en otras zonas más normalizadas. Por ello creo que es de recibo el exigir unas políticas de integración social compensatorias para erradicar la pobreza y la marginación de este tipo de colectivos dentro de la demanda que el movimiento social ha hecho para que se aplique ya un Plan de Rehabilitación Integral para el área de Bilbao La Vieja.
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